La pesca artesanal, como célula socio- económica, dio origen a Punta del Diablo como pueblo de pescadores.
Gráficamente, podemos trasladar el nombre del pueblo hacia una lancha naranja y blanca, con cabina o sin ella, de madera enfibrada, que se acerca hacia la costa, atravesando el mar azul. No provocan disturbio, ya que el motor que las impulsa es siempre de baja potencia.
Rumbo al horizonte apuntan las proas de estas intrépidas y amigables pequeñas embarcaciones, cargando dos o tres pescadores, de vocación marina por excelencia. Y vuelven; luego de pasar horas o dÃas en alta mar y son esperados por una franja ancha amarilla de arena y sus familias durante el invierno; mientras durante la estación veraniega son los turistas quienes ansiosamente, esperan el pescado fresco cargado en la bodega de cada embarcación. Lo usual es que si nos acercamos nos encontremos con los pescados apilados, sin ser encajonados hasta esta etapa, que comprende la captura y el traslado en condiciones totalmente naturales.
Las llamadas “artes de pescaâ€, son instrumentos fabricados en forma artesanal por quienes se nuclean entorno a esta función, las más comunes son en forma de red: llamados “red de enmalle†y palangre.
En el mar, las especies que salen con mayor frecuencia son el tiburón y el camarón. Además, en menor porcentaje se pesca: lenguado, brótola, pescadilla y raya (chucho).
En el medio lacustre, en la laguna Castillos y de Rocha, nos encontramos con la llamada “barra arenosa†que por su frágil constitución se desintegra, permitiendo que se mezclen las aguas y que determinadas especies alcancen la zona de laguna, en los meses comprendidos entre febrero y abril. Algunos de estas especies son: corvina, lisa, pejerrey y camarón.
Otras, en el mismo sitio maduran sexualmente y luego, vÃa barra arenosa abierta, vuelven al mar.